28
- agosto
2018
Posted By : admin
Restaurante Bardena

La mejor manera de identificar tus restaurantes preferidos es por los golpes que vuelves y por los golpes que les recomiendas a quien te pide donde ir a comer bien. El Bardena entra de lleno en estas consideraciones en mi caso. Es un ejemplo claro de apuesta segura: sé que comeré bien y que si quiero pagar para comer buena carne es el lugar donde ir.

Hace unos años esto era un restaurante llamado Caldeni, fantástico, que apostaba por un formato más “tradicional” de restaurante. Su cocinero, el Dani Lechuga, un tío con personalidad y valiente, decidió dar un cambio de rumbo y mutó (progresivamente) de Caldeni a Bardena, que es un formato más de bar, con platos-tapa para compartir. Y sin reservas (que era un tema que le generaba muchos problems al Caldeni). Por lo tanto es recomendable llegar cuando abren para encontrar sitio.

En una visión rápida de lo que podréis comer (en fotos de una visita a principios de agosto del 2018), los fijos:

Y los platos del día:

El día que tenga espíritu carnívoro, visite-lo. Hay dos clásicos que repito casi siempre: el steak tartar (que seguro que es de los mejores de la ciudad) y la hamburguesa con la deliciosa salsa Café de paris.

En foto de diciembre de 2013: hace años que comían steaks tartar!

Hace un tiempo tenían un bocadillo de fricandó que me tenía enamorado (el incluí a una lista que hice de buenos bocadillos) y los últimos golpes que había ido el fricandó la había comido dentro de un taco. Esta última visita el taco llevaba picanha “angus” y era algo tan memorable como esta:

Hay que rematar la dosis de carne roja con alguna de las estrellas más contundentes, como la vaca charolais, la onglet o la costilla que comimos la última vez, hecha a baja temperatura, que la dejaba tiernísima.

Costilla de Angus en 2 cocciones

Como muestra de la “mantegositat” de la carne, lo que leía en Twitter el otro día:

Más allá de la carne

Está claro que la carne es el motivo principal para venir a engullir al Bardena, pero no el único. He comido platos con acento marinero fantásticos como las vieiras, las sardinas o los huevos mollet con pop, que repetimos habitualmente:

Hay que dejar espacio para el postre. No hay un gran abanico de opciones, pero lo que hay es garantía. Yo soy de la torrija o de la crema catalana, fantástica, de las ligeras, aireadas.

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